Siempre llegas cuando desespero,

Compañía que vienes en mi socorro.

 

Tus manos expertas se posan sobre el ovillo de mi cuerpo.

Tus dedos se insinúan y entrelazan mi pelo

Donde anida un canto dolorido.

.

Una caricia de pluma me eriza la nuca,

Desciende por mi espalda. 

¡Detente! 

¡Podría perderme en tu ensueño!

.

Pero debo atender a mi corazón que sufre y

Mancha de rojo los pétalos de mi alma. 

.

No sé qué instinto pudoroso se interpone entre nosotros

¡Insiste!

Puede que un día acepte tu mano helada

Y me adentre

En los senderos  que me invitas a recorrer. 

.

Te seguiré

Silvana S.
(2011)