Amo el silencio de a dos que acompaña la calma y el reposo; 

silencio con textura de terciopelo que se comparte, se acaricia, se disfruta.

Adoro el silencio pícaro de la complicidad, 

burbuja de intimidad, recinto de confianza,

¿o de fe? 

 

Me rebela el silencio de las puertas cerradas; 

un silencio que se impone.

Me entristece el silencio de las palabras que se elige no decir, 

victoria de la resignación.

 

Me aterra el silencio de la espera 

que aturde mi cabeza con un sinfín de hipótesis 

que nunca dejarán de ser tales; 

silencio de angustia y desesperación.

 

Me resigno al silencio de la soledad del alma; 

silencio que echa raíces por las venas y por las arterias y

del cual uno no puede desprenderse ya nunca más; 

silencio que transmuta la soledad en compañía y 

del que nacen palabras que se vierten en infinitas charlas con nadie.

 

Silencio

Silvana S.
(2009)