Te miré y el amor me inundó,

pirata de mis fantasías que desembarcó en mi isla desierta.

Inerte mi estampa junto a la mesa,

descendí hasta mi naturaleza salvaje.

.

Y surgí, descalza, con barro en los pies.

Barro de mi río caudaloso,

de mi vegetación exuberante 

que lame el fluir del agua.

.

Toda claridad, 

toda inocencia espontánea, 

te pregunté:

¿Amado, qué divino destino cruzó nuestras rutas

para que caminemos juntos por senderos silvestres,

estiremos nuestras manos hacia los frutos de la tierra,

y descansemos sobre un colchón de tréboles

bajo las ramas de un paraíso?

.

Me respondiste con el pecho abierto. 

Y tu corazón de piedra cayó sobre mí. 

.

Pirata

Silvana S.
(2010)