Acababa de ponerse el sol cuando entramos en el Bastión del Cármen, en Colonia del Sacramento, Uruguay. El Bastión es un centro cultural en el que se presentan exposiciones de diversas manifestaciones de arte y obras de teatro también. Sacamos las entradas, Gerardo y yo,  para ver la exposición en homenaje a Juana de Ibarbourou, poeta uruguaya que vivió entre  1895 y 1979. Juana de América, como se la llama; Juana, la que está en los billetes de 1000 pesos uruguayos.  Entramos de la mano. La sala era muy amplia y bien iluminada. Varias personas se detenían frente a paneles altos, colgados del techo a lo largo de las paredes laterales y también formando una ficticia pared central. Ampliados en los paneles, escritos de su puño y letra, los poemas de Juana, hasta ese entonces para mi desconocidos:  

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa… 1

Caronte: yo seré un escándalo en tu barca.
Mientras las otras sombras recen, giman o lloren…2

Los poemas pasaban panel tras panel y yo, mareada, como borracha, embriagada de las imágenes, aromas y sabores que emanaban de los poemas. Sentí muy clara la sensación subiendo desde un punto central de mi cuerpo, pasando por el diafragma y el pecho, abriéndose paso hacia la garganta. Una necesidad –o acaso un don– alojada en las entrañas, abandonada por años y los poemas de Juana actuando como palabras mágicas y despertándola de la latencia. 

–Tengo que volver a escribir poesía–dije. 

Al día siguiente, y por varios días subsiguientes, fuimos a la biblioteca de Colonia para leer más sobre Juana y su vida. Algo habrá percibido María, la directora de la biblioteca, porque me regaló un ejemplar de “Lenguas de Diamante” con dedicatoria. 

Mis vivencias interiores empezaron a fluir en forma de poemas y por un tiempo, todo fue poesía. 

Cuando uno está preparado, el maestro aparece–dicen. Juana de Ibarbourou fue la maestra que apareció, fue la que tocó la cuerda que reverberó en consonancia con mi nota musical interior. Pero la recuperación había empezado varios años antes. Y aquí debo mi agradecimiento, mi grandísimo cariño y mi recuerdo a mi amiga Adriana Sánchez, la China. Tan distintas una de otra y sin embargo, desde el momento en que nos conocimos, se produjo una sorprendente afinidad interior. China me regaló el libro “El Camino del Artista3.  Recorrer una y otra vez el curso de desbloqueo de la creatividad, ayudó a que, al llegar, la poesía de Juana hiciera mella en mí ese anochecer de la exposición. Hoy China no está para acompañarme en la alegría de este libro. Nuestro tiempo compartido en esta vida fue tan sólo de unos años, pero marcó mi identidad para siempre. Ella me veía, primeramente, como escritora. 

Cientos de hojas sueltas, decenas de archivos de computadora y de cuadernos escritos sobre hojas sin renglones, con reflexiones acerca de alegrías y tristezas, éxitos y frustraciones…todo cobra nueva vida frente a la necesidad de desempolvar, airear e iluminar lo escrito. Nuevos cuentos cortos, obras de teatro y comienzos de novelas se agolpan en las yemas de los dedos mientras van saliendo por el lápiz negro con el que escribo habitualmente. 

Escribir un poema, implica desnudar una parte del alma. Para no quedar tan al desnudo, tan vulnerable, usé las palabras como si fueran ropa. Hay poemas crípticos, en los que no se llega a captar su significado, el mensaje. Sería como estar vestida con pantalones, sweater, botas, guantes y, a veces, hasta pasamontañas. Hay otros poemas que son claros, como estar vestida con un vestido de gasa blanco. Otros, son tan transparentes que sería como ponerse ese mismo vestido de gasa pero sin ropa interior, y además que te empape la lluvia. 

Una parte la pone el poeta. Pero el poema se cierra con lo que cada lector le aporta y hasta con cada lectura del lector. Mostrar los poemas al público puede ser, en cierta medida, un acto de exhibicionismo. Pero también puede significar ponerlos a disposición de todos para que, quienes los necesiten, los hagan propios y los utilicen como una rampa por la que puedan hacer fluir sus propios sentimientos. 

Con cariño,

Silvana S.
 (2013)

  1. Juana de Ibarbourou. La Hora, en Lenguas de Diamante (1919)

  2. Juana de Ibarbourou. Rebelde, en Lenguas de Diamante (1919)

  3. Julia Cameron, El Camino del Artista. Editorial Estaciones. Quinta edición (2008).