Bajó las escaleras envuelta en el toallón, descalza, el pelo mojado, fresca, vulnerable, pensando en la comida que iba a poner al horno. Escuchó un ruido y pensó que su marido había llegado. 

Nunca imaginó que iba a encontrar a esa mujer allí, en su casa. Se quedó paralizada, mirándola, mezcla de perplejidad e indignación. Mortalmente herida.

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Silvana S