Hoy es común escuchar hablar del “Journaling“. Parece que este vocablo en inglés se impuso por sobre las traducciones al español de “tener un Diario”.

Y es que un “Journal” no es exactamente lo mismo que un Diario.

El Diario se transforma en una entidad, casi como si fuera una persona a la cual le escribimos, que recibe nuestras confesiones íntimas. Tanto es así que el clásico “Querido Diario” ha dado lugar al comienzo de muchas novelas y películas de cine, el preámbulo para se nos revelen los secretos de quien escribió.

EL Journal, en cambio, presenta más posibilidades. Es un soporte físico: en general un cuaderno para escribir; o una  computadora; o un cuaderno donde se escribe, se dibuja, se pegan recortes de revistas, fotos, washy tapes y stickers, se usan colores para resaltar ideas y todo lo que la creatividad personal desee.

Journaling, es la actividad de llenar el Journal. Que además nos da la idea de algo que se hace todos los días, sistemáticamente.
Con el paso del tiempo se fue borrando la idea de que el Journal es sólo para los ojos de quien lo escribe. Hoy día hay revistas físicas y digitales donde se comparten los contenidos de los journals, que cada vez se tornan mas completos, complejos y sofisticados. Te confieso que una vez me compré la revista Art Journaling  en papel. Quedé emborrachada de colores y diseños magníficos y me embarqué en esa forma de journaling. Pero al tiempo me di cuenta de que lo mío eran más bien de las palabras y las emociones.

Las imágenes me encantan y creo que transmiten mucho; de hecho, las uso en los talleres.  Pero poner el foco en las palabras permite una claridad de pensamiento y un alivio emocional, que no lo brindan las imágenes en igual medida.

Leí en algún lado que ya en el siglo X, en Japón, hay registro de que las damas de la corte tenían sus journals, o sus diarios, vaya a saber exactamente qué escribían, y los llamaban “pillow books” o libros de almohada.

Yo preferí llamar Escribir para Uno Mismo a la actividad de volcar emociones con palabras escritas, de elaborar pensamientos, trazar planes, ilustrar vivencias, practicar roles, ensayar respuestas, crear futuros, ordenar el día antes de que comience o darle un cierre antes de irnos a dormir. Va mucho más allá de contarle secretos a las páginas en blanco.

Me gusta decir que el Escribir para Uno Mismo es una actividad para estrechar la relación contigo mismo.

No requiere un compromiso cotidiano. Se escribe sólo cuando se siente la necesidad, cuando el escribir va a ser útil para un objetivo en concreto. Ya sea aliviar, ordenar, drenar, planificar, analizar, sanar y demás.
Es una herramienta que te acompaña siempre y que usas sólo cuando la necesitas.

Yo escribo casi a diario, en lo que llamo de una manera mucho más simple, “mi cuadernito”. Tomé la costumbre, que se transformó en necesidad, cuando conocí las Páginas de la Mañana, de Julia Cameron.

Me acostumbré a escribir al menos tres páginas, cuando no muchas más, cada mañana. Hasta he llegado a poner el despertador media hora antes de lo necesario para tener tiempo de escribir mis páginas antes  de empezar el día. Me sirve para ordenar mis pensamientos, para entrar en contacto con mi estado de ánimo del día, y para crearme también el estado de ánimo que prefiero. Cuando no tengo asuntos emocionales urgentes que atender, que son los que me quitan la paz y la armonía que intento recuperar escribiendo, aprovecho las páginas para clarificarme  pensamientos y suelo organizar el día, para equilibrar las tareas que debo cumplir con las que quiero hacer por gusto.

Pero debo reconocer que soy una total entusiasta del escribir para mi misma!

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Silvana S.