Al escribir con la intención de dejar un legado para la familia, amigos o para cualquiera en el mundo, podemos usar no sólo nuestros recuerdos sino también las reflexiones que hoy hacemos de aquellas vivencias del pasado. De ese modo, el legado es mucho más enriquecedor.

Tarde, en muchos casos, nos interesamos en saber sobre la vida de nuestros padres y abuelos. ¿No te ha pasado también a ti, de querer algún detalle sobre la juventud de tu abuela antes de casarse o antes de emigrar, y lamentablemente ya no está contigo para preguntarle?

En la mayoría de las familias, tal vez hay datos sobre fechas y lugares precisos: nacimiento, casamiento y muerte. Pero la información sobre lo que los ancestros han vivido queda perdida para siempre.

Por eso, el proyecto de escribir nuestra historia de vida -o más bien nuestras historias de vida, ya que somos esa colección de historias, a veces coherentes y otras veces tan difíciles de hilar- es un proyecto que nos trasciende y se proyecta largamente hacia el futuro, no sólo para las generaciones que comparten con nosotros este momento, sino para las que vendrán y que no conoceremos.

Al compartir la historia de vida con la familia, te brindas la posibilidad de contar tus historias en primera persona y que todos sepan de ti según tu propia versión.

Si has vivido hechos históricos significativos, tu relato es valioso para que quede plasmada tu voz y tu perspectiva como protagonista de los mismos.

El hecho de compartir tu historia con tu familia, brinda a todos la sensación de experiencia compartida, de pertenencia, de solidez y continuidad. Comprender esa continuidad permite que los miembros de la familia observen las raíces de los éxitos, de los fracasos, de los conflictos y de las dificultades que uno se sorprende al leer que se han venido repitiendo en las distintas generaciones.

También sirve para que algunos identifiquen similaridades entre miembros de la familia y comprender por qué uno siente empatía o una especial afinidad hacia un familiar en particular. Se puede llegar a dilucidar el origen en común de algún rasgo o característica que uno tiene y esto da lugar a que se inicie un proceso de aceptación personal y la posibilidad de tomar alguna decisión al respecto.

Ante el hecho de que las familias pueden estar desparramadas por todo el mundo, dejar la propia historia de vida a hijos, nietos y bisnietos, implica regalarles a cada uno, un trozo de su propia identidad.

Somos las historias que nos contamos. Cuéntalas por escrito! y déjales saber a tu familia de primera mano sobre tu propio mundo.

Silvana A. Savio