Estamos sentados mirando desde una altura el pasar de miles de años y de vidas en el presente, pasado y futuro. Cada vida, con una dimensión acotada de tiempo y espacio; comprendida dentro de otra dimensión de tiempo, macro, abarcativo, que hace a la vida del… ¿espíritu?… ¿alma?… Capítulos de un mismo libro o  cuentos dentro de un mismo tomo.

Y, como quien le avisa al actor que en dos minutos le toca salir a escena, que se prepare, así, repentinamente, me dicen: 

−Te toca de nuevo; mirá, fijate, rápido. 

En un momento me muestran, desplegado ante mí allá abajo, lo que será mi vida esta vez. Mis padres, hermanos, parejas, hijos, amantes, amigos, casas, colegio, profesión, dificultades, alegrías, todo, todo allí al mismo tiempo frente a mis ojos y yo, abarcándolo en un pantallazo.

−Salís; ¡ahí vas! −me indican−. 

Me empujan a caer por un tobogán, empinado como los que siempre me aterrorizaron y a los que nunca me animé a subir. La caída a una velocidad vertiginosa. Me dejo ir; no está en mis manos; no hay nada que resistir. 

De pronto splash, estoy en una panza. Llegué. Ya estoy aquí, sin memoria de todo lo que vi hace unos momentos, cuando era eternidad; olvidado del rol que me toca esta vez.
En instantes, seré solo un presente inconsciente.  

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Silvana S.