Él desprecia a las mujeres porque dice que se arrogan mayores derechos que los hombres; porque se creen con legítima prioridad para subir al bote en caso de naufragio; porque consideran que es obligación de uno abrirles la puerta y correrles la silla; porque no dudan en que les corresponde sentarse primero en el asiento del colectivo; porque existe el día de la mujer y no hay día del hombre; porque lloriquean; porque no piensan de manera práctica como ellos; porque manipulan; porque clavan los puñales por la espalda.

Un día, él le confeso a ella que la amaba. 

Ella, que hacía tiempo se había enredado en los hilos de sus encantos masculinos y que es de aquellas que siempre ceden la pechuga del pollo, lo abrazó. Mareada de felicidad lo miró a los ojos. En ellos vio espejado su rostro de mujer. 

.

Silvana S.