QUE TU IMAGEN DE LO QUE DEBERÍA SER LA FELICIDAD NO TE HAGA CIEGO A LA FELICIDAD QUE HOY TIENES

Llegamos a St. Grace Cathedral, en San Francisco, mi hija y yo, en Julio del 2012, buscando su famoso laberinto, que es una replica del laberinto de Chartres, en Francia.

Me había hecho la imagen mental de un laberinto al aire libre, de ligustro hasta una altura de las cabezas, con piso de piedritas marrones o rojizas. 
La catedral de St. Grace, en medio de la ciudad de San Francisco, no parecía tener nada semejante. Pensé que el laberinto podría estar en un jardín interior. Entramos a la catedral, gigante, oscura y despojada, por la puerta central. Caminamos rumbo a una puerta lateral, pasando junto a unas urnas para donaciones y junto a unas cintas que impedían el paso hacia algo. Al salir por la puerta lateral, tampoco encontramos el laberinto que buscábamos.

Preguntamos a unos obreros que estaban almorzando sus picnics apoyados sobre la pared de piedra de la catedral, si sabían dónde estaba el laberinto. Nos dijeron que el de afuera estaba cerrado por reparación, pero que se podía visitar el de adentro.
¿Adentro? ¿Hay uno adentro?

Volvimos a entrar a la catedral por las mismas puertas laterales. Me paré junto a las urnas de las donaciones y le pregunté al guardia dónde estaba el laberinto.
“Está parada sobre él, señora”

Bajo mis pies, marcado con un leve bajorrelieve de las placas de granito del piso, diferenciado con dos tonos de grises, estaba el enorme laberinto. Y yo, parada en la mismísima entrada, sin darme cuenta de nada.
Empezamos a caminar siguiendo el sendero del laberinto marcado en el piso. Dejé los pensamientos fluir, mientras caminaba por un laberinto por el cual podría no haber caminado nunca, a pesar de que lo estaba buscando.
Había tenido en mi mente una imagen tan fuertemente prefijada de cómo se debía ver el laberinto, que pasé junto al laberinto real pero no lo pude ver.

¿Cuántas veces las cosas no son como las imaginábamos y entonces, por nuestra estrechez mental, nos perdemos de una realidad que podría ofrecer mucho de positivo?
Quizás, buscando la felicidad, pasamos junto a ella sin verla y seguimos de largo, lamentándonos por nuestra mala suerte de no poder encontrarla.

Miremos con ojos nuevos; miremos con ojos limpios; abordemos nuestra realidad sin expectativas fijas.

Parafraseando el pensamiento de Joseph Campbell… debemos abandonar la vida tal como pensábamos que sería, para vivir las posibilidades de vida que se nos despliegan ante nosotros.


©Silvana S. 2019